Vivimos en una época donde el consumo juega un papel protagónico en la sociedad. Cuanto más compramos mejor nos sentimos, o por lo menos eso hacen creer los medios.
No obstante no podemos separarnos de estos objetos, ni dejar de consumirlos, porque forman parte de nosotros, en su mayoría tienen un valor sentimental y nos dan identidad. En otras palabras, podríamos decir que todos esos “chunches” que consumimos cuentan una historia de quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.
Por medio de los objetos que se consumen y acumulan podemos saber mucho de gustos, intereses, personalidades, aspiraciones y demás. Si se consume mucha ropa y se acumula en toneladas podríamos inferir que es una persona que gusta de la moda, si acumula maquillaje se puede deducir que la apariencia física para este individuo es importante, si acumula libros sabemos que es alguien que gusta de la lectura y el saber, así con un sin fin de cosas.
Mi intención No es una ver con una mirada de pesimismo ese exceso de “chunches”, sino como estos nos hace quiénes somos, y justamente por eso es que me parece importante que notemos que están ahí, que después de ver mis trabajos las personas puedan llegar a sus hogares y notar sus acumulaciones, ver qué les da identidad, con qué se identifican, cuáles son esas acumulaciones que reflejan sus gustos, su vida, su contexto.
Para lograr esto se trabajará en la acumulación específica de una persona, que en este caso acumula Matrioshkas. Las cuales además brindan una simbología de repetición y serie, características que definen la producción en masa.